CAPITULO 5. COMO UN SENCILLO ACTO SE PUEDE CONVERTIR EN UNA ODISEA GRIEGA
En el mundo conocido y desde que el hombre es hombre solo hay tres cosas que son verdades ciertas e indiscutibles. La muerte llegará, a las mujeres no hay quien las entienda y sobre todo, siempre que te estas cagando, nunca encontraras unos lavabos adecuados. Ya lo relato Danny boyle en Transpotting, cuando te cagas solo encontraras los lavabos mas asquerosos de Escocia. Allí estaba yo, rodeado de nada, en una ciudad extraña, con un montón de mochilas a mi custodia, y con unas ganas impresionantes de poner un huevo descomunal. Todo era muy extraño, de repente me veía sumergido en un episodio de Mr Bean, y claro yo era una especie de Mr Bean pero en gordo y pantalón corto. Me debatía entre dejar abandonadas las mochilas y buscar el sin duda poco higiénico servicio de la estación de autobuses de Pontevedra, o esperar a que llegara Mari con la esperanza de poder aguantar lo suficiente sin explotar. La primera opción era la mas lógica dada mi situación y puesto que conocía a Mari lo suficiente como para saber que no iba a aparecer por allí hasta cuatro o cinco minutos antes de salir el autobús, tenia que embarcarme en la aventura de usar un vater publico.
Estaréis pensando que exagero, pero si nunca habéis visto la triste estación de autobuses de Pontevedra no podréis comprender nada de lo que aquí escribo. Es que contemplando aquella soledad, llevaba allí diez minutos y no había visto a nadie en la sala de espera, que para rizar el rizo estaba en obras, aunque por allí no había ningún obrero, pero esas cosas se intuyen, y podía intuir que en algún momento del día, allí había gente trabajando. Desde mi banco, lo único que se veía era la escalera mecánica que bajaba a los andenes de los autobuses, unas escaleras muy bonitas y modernas que por supuesto estaban apagadas. Comprendo al ayuntamiento de Pontevedra, para cuatro mataos que las subían no era cuestión de gastar electricidad teniéndolas todo el día encendidas para nada.
Unos sudores muy fríos me bajaban desde mi ya prominente calva en dirección a mis no menos prominentes mofletes, o evacuaba rápidamente o el estampado de mi bóxer iba a cambiar irremediablemente, cuando para mi grata sorpresa, un abuelete comenzó a subir las escaleras mecánicas poco a poco.
“Que alguien le de a funcionar a las putas escaleras”, pensaba yo, pero nadie le daba al botoncito, y el viejo parecía que en vez de subir, bajaba, cada vez estaba mas lejos de mi. Me empezaba a impacientar, incluso me estaban dando ganas de bajar a por el y traérmelo en brazos, cuando me di cuenta de una cosa, no sabia donde estaban los servicios, eleve un poco la cabeza buscando una puerta donde estuviera el dichoso dibujito del tío parao que hay encima de todas las puertas de vateres públicos del mundo, pero no lo encontraba, mientras aquel viejo que parecía que subiera a cámara lenta, paso a subir a una velocidad endiabladamente rápida. He de reconocerlo, me entraron los nervios, no me veía capaz de buscar el vater en aquella situación sin dejar mi rastro tras de mi, tenia que ir a tiro fijo, el viejo ya estaba en el nivel superior y se dirigía directamente hacia la puerta, solo podía hacer una cosa.
- Señor, señor- gritaba sin ningún miedo ni vergüenza, pero el tío no se daba por enterado – Señor por favor, señor, coño killo mira paka- fueron las palabras mágicas
Aquel señor hasta ese momento indiferente a mi presencia, giro lentamente su cabeza hasta que tuvo contacto visual con aquel espécimen andaluz que le gritaba desde los bancos de la estación.
- Me dices a mi
- Si señor a usted- le conteste bastante aliviado, por fin algo empezaba a salir medio en condiciones – Por favor señor podría venir un momento.
- Claro hijo – Mi aspecto debía de ser muy triste porque se acercaba como dudando, y la verdad, no tenia pinta de ser de mucha confianza. – ¿qué ocurre? – me dijo al llegar a mi altura.
- Señor le pido que no se asuste, pero necesito que se quede aquí echándole un ojo a las maletas por favor, es solo medio minuto.
- ¿echarle un ojo? – pregunto muy flipado, quizás pensó que se tenia que mutilar para mi, - no te entiendo chico – se confirmaban mis sospechas.
- Mire usted, a ver si puede quedarse un minutillo aquí con las maletas – confesé sin dudar – es que necesito ir al servicio urgentemente y no puedo aguantar mas y usted es la primera persona que veo en mucho tiempo, hágame el favor que no puedo mas.
- Que gracioso eres chico, ¿tú eres andaluz, no?
- Si, cordobés
- Anda carallo, yo estuve unos años trabajando por allí, iba para la vendimia, ¿de donde eras tú?
- De Lucena
- Ah, buen vino.
- Si señor, muy buen vino, pero si no le importa, es que no aguanto mas, si quiere cuando vuelva, se lo juro podemos hablar de Córdoba y de lo que usted quiera.
- Que graciosos sois los andaluces, no te preocupes, corre que te veo muy mal.
- Mil gracias – y salí corriendo en busca de mis salvación.
Era la primera vez en mi vida que un tópico sobre los andaluces me servia para algo, pues normalmente me habría enfadado, y es que no todos los andaluces somos graciosos, ni todos los catalanes encogios ni todos los vascos brutos... bueno algunos tópicos puede que sean mas reales que otros. Allí me veía yo, corriendo como un olímpico en dirección a aquella puerta que me traería la salvación y la alegría. Os juro que todo parecía discurrir a cámara lenta, e incluso me parecía oír de fondo la música de carros de fuego, la de ta tata tata, ta, y me imaginaba corriendo hacia la playa, cuando en realidad no era mas que un turistilla corriendo a cagar, si, puede que sea una comparación muy patética, pero para mi en ese momento el acto de defecar se había convertido en un objetivo tan licito como el ganar una medalla olímpica y hacia mi merecido premio me lanzaba sin miramientos, cuando...
Al llegar a la altura de la puerta pude ver horrorizado como una señora de unos cuarentaypico años fregaba muy, muy, pero que muy lentamente el suelo de aquel lugar, todo estaba mojado, no podía aguantarme mas y sin dudar intente entrar pasando de aquella limpiadora. Fue cuando la cara de aquella hasta ese momento encantadora señora, se transformo en Dark Vader.
- Donde coño te crees que vas – me grito con una voz bastante autoritaria que solo me pudo hacer evocar a la ama de una sesión sado – no ves que esta mojado.
- Señora, necesito utilizar el aseo - le suplique mas que pedir, fue mi fallo, vio la sartén por el mango tenia el poder de evitar mi entrada – por favor –le volví a suplicar tras verle la mirada de poder ilimitado.
- Pues te vas a tener que esperar - sentencio.
Estaba claro que no había nada que hacer, mi primer contacto con los galegos se había resuelto con un cincuenta por ciento de buen y mal rollo, pero no podía esperar mas de dos minutos a juzgar por lo fuerte que tenia que apretar el culo. No se si era por mi urgencia o que es verdad que los galegos viven a otra velocidad, pero por dios que esa mujer fregaba lentísimamente. Ante la poca expectativa de que acabara su labor en un tiempo razonable y sopesando la posibilidad de un escape de presión, opte por una solución mas vergonzante que de emergencia, mire a la pared contraria, y allí estaba el baño de las tías. Salí corriendo, otra vez, con nuevo efecto carros de fuego incluido hacia aquella puerta, el viejo de mis maletas flipaba en colores al verme correr de un lado a otro pero no me importaba, la puerta estaba mas cercana que nunca, el objetivo de mi misión a punto de conseguirse, agarre el pomo que me liberaría y descubrí una gran verdad que nos han estado ocultando durante siglos. Los servicios de las tías son igual o mas guarros que los de los tíos. Obviamente la señora de antes no había pasado por allí, en mi opinión, durante los últimos dos años. El color del suelo era una incógnita, seguramente que en algún momento de su historia fue blanco, pero en ese preciso instante la gama de colores que cubría el pavimento oscilaba entre el amarillo y el negro, siendo el negro dominante. El espejo me devolvía mi imagen pero en borroso, era como si se hubiera desajustado el canal y lo viéramos todo con doble imagen, pero lo peor sin duda eran los cubículos en los que se encontraban los retretes. Las puertas mas que dar intimidad, daban miedo, en cualquier momento aquellas tablas podían caer para un lado sin previo aviso y dejarte sepultado bajo una capa de pladux con innumerables mensajes obscenos, después de abrir tres de ellos, el contenido no mejoraba el paquete, para empezar al igual que en los servicios de tíos, en este de tías no había papel, eso si, dos canutillos de cartón se almacenaban en diferentes lugares, tales como el suelo y la parte superior de la cisterna. En esta ocasión a la cuarta fue a la vencida, y no porque este estuviera en mejores condiciones, sino porque ere el único que quedaba por investigar y era cagar allí, o hacérmelo en los pantalones. Muy deprisa sin ningún remilgo me baje los pantalones los calzoncillos y alcance el éxtasis.
Solo hay dos cosas que superen la sensación de placer de un orgasmo, uno es cuando pruebas una buena tarta de chocolate y la saboreas en la boca dejando que todo su sabor te posea, la otra es el brevísimo momento en el cual consigues relajar uno de tus esfínteres tras evacuar, ya sea a la hora de mear o de cagar, si no me creéis hacer la prueba, aguantaros dos horas y después me lo contáis. Pues así me quede yo, relajadito y con cara de tranquilidad, que se me quito por cierto al darme cuenta que en este tampoco había papel y como sustitutivo tuve que utilizar varios tickets del Carrefour que almacenaba inútilmente en la cartera. Unos minutos mas tarde agradecía cordialmente al viejo que me guardaba las maletas, que me guardara las maletas obviamente, y claro, no tuve mas remedio que compartir con el unos minutos de mi estancia discutiendo los diferentes vinos de mi tierra y de los tópicos que sobre los andaluces son conocidos en todo el mundo, vale que algunos tópicos son medio ciertos, pero vamos que no dejan de ser tópicos y tocan las narices un poco.


mrs maggot dijo
como se te va la olla...jejeje.
14 Noviembre 2006 | 12:00 AM