La Coctelera

ESCRITOS Y POLLADAS VARIAS

Como ser medio bobo y sin embargo parecer un intelectual de mierda

31 Octubre 2006

CAPITULO 3 - HABITOS DE VIAJE DEL ESPAÑOLITO MEDIO

Eran casi las once y media de la noche de un martes 31 de julio, acababa de abandonar mi casa acompañado únicamente de una mochila gigantesca que crecía cuan joroba de mi espalda y a la que le había añadido el saco de dormir atado a la parte de abajo con una cuerda de tender la ropa de color verde que compre hace unos años sin saber muy bien para que, y que esta misma noche había encontrado su lugar en el mundo. Las calles estaban estrañamente desiertas, y es que en pleno verano, estas horas son muy normales para estar tomando el fresco u otras sustancias mas legales o ilegales, si no habeis vivido nunca por estas latitudes no compredereis por mas que yo os lo explique la caló que puede hacer en verano, y la unica manera de combatirlo es no salir hasta una hora decente, mas o menos a las diez, pero no se porque hoy no habia nadie por donde yo caminaba, ni una triste persona para despedirme. Yo ya habia ideado una respuesta para todo aquel que me preguntara hacia donde iba, pero al parecer, hoy precisamente nadie me iba a ver ni escuchar la maravillosa disertacion, sobre la necesidad de que la juventud colabore con la sociedad que le rodea y deje de ser tan egoista, que solo piense en si misma etc... cuando en realidad lo quería decir era, “tío que me voy de vacaciones por cuatro perras” pero claro no iba a perder la oportunidad de aparentar ser mejor persona de lo que realmente soy, vamos digo yo.

Cuando llegue a la estación de autobuses, no habia nadie, ¿estaba condenado a que nadie fuera consciente de mi ida?, tampoco es que tuviera muchos amigos, pero vamos conocidos un montón, y allí no habia nadie, ni siquiera Mari, con la que se suponía que iba a viajar hasta Galicia. Mire hacia mi alrededor para cerciorarme de mi soledad, solté los bártulos en el suelo y me senté encima. Me tocaba esperar en la calle a la llegada del autobús, porque resulta que la estación de autobuses cerraba a las 22.00, y claro, cuando uno esta solo esperando en la calle, los minutos me parecían horas, estaba seguro que habia perdido el autobús y que a las dos de la mañana me veía buscándome otra manera de ir para el norte, me imagino que no soy el único que le pasa esto cuando llega a un sitio antes y no hay nadie para explicar que el que ha llegado pronto es uno, y por supuesto piensas que has llegado tarde. No dejaba de mirar el reloj del móvil, que es en mi opinión el único extra del teléfono que merece la pena, los demás son inútiles, y aunque los numeros me indicaban que no pasaba nada, que iba bien de tiempo, no conseguía quitarme de encima esa sensación de que habia metido la pata una vez mas en mi vida, cuando por fin un coche paro ante mi, y de el bajo Janis Joplin.

Siempre he sabido que Mari es diferente, que es muy jipi, pero hasta que uno no viaja con un ella, no es consciente de lo jipi que puede llegar a ser. Estoy seguro que si miramos en el diccionario, al lado de la definición, encontramos una foto de Mari, no penséis que lo digo como un insulto. Siempre he admirado lo consecuente que ha sido siempre con su forma de ver la vida y con la vida que ha elegido. Además ella no es la típica que aparenta, ella es real, es asi, no es fruto de una moda newjipi que nos invada últimamente, tiene sus defectos, pero una persona que es consecuente siempre es digna de admiración, ya sea una jipi que quiere cambiar el mundo y convertirlo un lugar lleno de amor, como un yupi que quiere forrarse y que de verdad cree en que los pobres son pobres porque no quieren trabajar, aunque esta posición es políticamente incorrecta y nunca la oirás en publico, la prefiero a aquellos que van de liberales y que después son mas fachas que Inestrillas. Yo estaba mas o menos en el medio, no es que fuera un facha, pero tampoco era jipi, simplemente en esos momentos todo me importaba mas o menos un cojon de pato.

La diferencia entre mi equipaje y el suyo era francamente notable, mientras yo, como ya os dije, traía un mochilon enorme, ella llevaba tres mochilitas, una bastante convencional, como de llevar los libros al colegio, de las de toda la vida, otro en forma de petate militar pero en pequeñito, y de color rojo con varios apliques azules, y la ultima era su habitual bolso, como una bolsa con dos cuerdas que al tirar de ellas conseguías cerrarlas y que habitualmente estaba semivacía, en esta ocasión a punto de estallar, y de la parte de arriba sobresalían dos palos y un especie de cáliz,.

- es mi diabolo
Ese pequeño juguete en apariencia tan inocente tendría un lugar muy
importante en todo lo que iba a pasar durante las siguientes tres semanas pero aun yo no lo sabía. Mari se quedo mirándome:

- tío, ¿solo llevas eso?
- No se Mari, pero asi a bote pronto creo que llevo mas cosas que tu,- le conteste semicortesmente.
- No hay nadie mas
No era una una pregunta, era una afirmación, y era cierto, no habia nadie, pero fue llegar ella y llegar la gente, no se si soy yo, pero esta clínicamente probado que cuando Mari entra en una habitación la habitación cobra vida, y quien dice una habitación dice una parada de autobús. De repente me veía rodeado de varios tipos de viajeros nocturnos en dirección a Madrid. En primer lugar teníamos a un matrimonio de abueletes que probablemente iban a o volvían de ver a la familia, son fácilmente reconocibles por llevar una gran maleta marrón con dos pedazos de hebillas de pantalón que ya las quisiera para el, el gigante de pulgarcito. Si una de estas parejas sube a tu autobús tienes que estar preparado para un par de previsibles conversaciones entre los cónyuges a un nivel de ruido bastante considerable que hace imposible el acto de ignorarlos. El simple acto inicial de buscar el asiento correspondiente se convierte en una odisea de luz y color, en la cual el protagonista, normalmente masculino, recorre el autobús pasando por cada uno de los asientos y mirando los números situados encima no sin antes observar a las personas que hay sentadas en esos asientos, como diciendo:

“Como te hayas sentado en mi asiento te vas a enterar melenudo de mierda”

Mientras su mujer suele intentar relajar la situación indicando amablemente que se siente donde sea, pero que se siente ya, entonces el marido en cuestión se vuelve hacia esa indefensa señora que no se espera el arrebato de rabia que le viene encima.

“Es que no te has dado cuenta que los billetes tienen números, hay que sentarse donde nos dicen coño”

Esa es la palabra clave, “coño” es como un resorte de mal rollo, cuando una frase es acabada por el bisílabo coño, inmediatamente después comienza una pelea. La mujer intenta que ese señor entre en razón, pero no hay manera, el apela a unos supuestos derechos constitucionales relativo al hecho de que él se pueda sentar en un autobús en el numero correspondiente, y ella avergonzada le sigue golpeando a los pobres testigos involuntarios de la rebelión en el geriátrico, con unas increíblemente grandes bolsas de plástico repletas de regalos de o para la familia. Pero la tortura de este tipo de viajante no concluye ahí. Durante la siguiente hora u hora y media, tenemos que escuchar a este señor protestando porque el espacio entre los asientos es minúsculo y normalmente todo este lió concluye con otra de esas frase lapidarias.

“ya te dije que teníamos que haber venido en coche si es que lo sabia yo”
Y es en ese preciso instante cuando descubres porque en este país hay tantos accidentes de tráfico, si a cualquier energúmeno le dan el carné. Por otro lado agradeces que ellos hayan elegido precisamente esa noche para dejar el coche aparcado y coger el autobús. Pero lo que es el colmo es que tras esas dos primeras horas de viaje infernal, nos espera la autentica tortura. El señor se nos queda dormido y comienza a roncar placidamente hasta que llegas a tu destino. Pues una pareja de estas estaba de pie a unos escasos dos metros de donde nos hallábamos, y si, puedo decir que teníamos una pinta cuanto menos extraña, pero para que aquel señor nos mirara con tanta curiosidad pues creo que tampoco.
Una chica de unos veinte años y que parecía recién salida de la revista “you” también esperaba acompañada de un chico que podría ser su novio a juzgar por las manos entrelazadas pero el nulo contacto físico entre ambos durante todo ese rato nos hizo dudar seriamente de su relación, ni siquiera se dieron un beso cuando ella se subió en el autobús, en mi opinión para que no se le estropeara el perfecto maquillaje que cubría cual barniz el noventaycinco por ciento de su cara. Como no, llevaba una de esas ridículas maletas rígidas con ruedas que te recuerdan a películas de viajes espaciales de los ochenta y de la cual no habia aun despegado la etiqueta de embarco de iberia, mas que nada para que todo el mundo que viera esa maleta la relacionara con una persona de mundo, aunque el viaje haya sido a Santander, y no es que tenga nada en contra de esa ciudad, aunque si de la provincia, pues de allí es Bustamante, y eso nunca se lo perdonare a los cantabros.

Asi que desentonábamos un poco, nosotros dos parecíamos mas bien un par de jipis que se iban a dar una vuelta por el mundo, aunque yo solo era un impostor, yo no era jipi ni nada de eso, ¿Qué era yo? Pues aun no lo se, quizás solo era un tio inseguro que intentaba luchar contra el tiempo aferrándose a una eterna adolescencia que todo hay que decirlo, empezó muy tarde, o simplemente un tío al que básicamente todo le importaba un carajo pero que sin embargo era un cobarde que vivía su vida a través de la vida de sus amigos, dejando para otros el riesgo y acomodándose en esa actitud de me importa todo un carajo. Por eso y solo por eso me decidí a embarcarme en esta historia, porque por una vez en la vida quería ser protagonista de algo y no mero observador u oyente, que fuera algo importante o no, la verdad, daba igual, tan solo era el hecho de hacer algo, aunque no fuera del todo valiente, pues conmigo iba mi pepe grillo particular, una persona muy especial, mas de lo que ella creía que era, y a la cual siempre estaré agradecido, porque ella me daba ilusión, esperanza, lo que no sabia, es que precisamente, ahora que por fin me decidía a acompañarla a una de sus aventuras, curiosamente creo que fue el principio del fin de esa extraña relación que llevábamos, explicándolo con un símil zoológico, ella era la gran águila y yo que irónicamente era mayor, su pequeño aguilucho, que tras aprender a volar, invariablemente tomo otro camino hacia otro lugar.

Durante la primera hora y media, que por cierto fue el único momento de aquella noche del cual fue plenamente consciente, trascurrió entre risas y como no, los quejidos de aquella pareja de los maletones, pero sobre todo de risas, lo peor es que no nos reíamos porque ninguno de los dos fuera un comediante, la razón de aquel jolgorio fue la película del autobús. Quien es el torturador que programa los entretenimientos de las líneas de autobuses, porque nos perturban, salvo honrosas excepciones, con grandes filmenes como, los gemelos golpean dos veces, 60 segundos, socios y sabuesos, etc... En esta ocasión nos deleitaban con un telefilme horrible sobre un submarino de la guerra de secesión que iba a pedales, si como estáis leyendo, a pedales, era muy surrealista, lo peor es que en vez de torpedos, tenían que llevar la bomba hacia el barco nadando, y después la hacían explotar, y claro, el que tiraba la bomba tenia todas las papeletas de morir, bueno pues si tenéis ganas de verla, os voy a joder del todo, porque os voy a contar el final para ahorraros semejante acto de valentía, resulta que el día que inauguran el puñetero submarino a pedales, le mandan hundir un barco muy importante, o sea que el submarino aun no habia entrado en combate, era su primera vez, atacan el barco, que para colmo no consiguen hundir, y cuando se meten debajo del agua con aquel cacharro que repito una vez mas, iba a pedales, que es lo que hace el submarino, pues se hunde pero del todo, el resto de la película es ver como aquellos pringaos, se van poco a poco quedando sin aire, y es que a quien se le ocurre montarse en un submarino digno del bricomania, y a pedales. Pero lo que mas gracia nos hacia es que le hicieran una película, y los trataran como héroes durante casi 150 años, lo que nos da una idea de la gran diferencia entre los americanos y los españoles. Allí metes la pata, mueres haciendo el gilipollas en un submarino a pedales, para colmo no hundes el barco y no solo te tratan como a un héroe, sino que además te hacen una película. Aquí en España, o Estado Español si eres originario de Catalunya o Euskadi, pasa eso y no solo no te hacen un héroe, sino que a los diez minutos ya te han hecho doscientos chistes negros por mensajito del móvil, y si no me creéis acordaros de los derribos bin laden.

Pues entre sueños sobre las cinco de la mañana llegamos a la estación sur de Madrid, en la cual nosotros continuamos durmiendo hasta que salio nuestro autobús a Pontevedra. Aparte de que durante casi dos horas en medio de Zamora un Ecuatoriano me contó su odisea completa desde que salio de su aldea cerca de Quito hasta que se monto en aquel autobús y encontró a un incauto que escuchara su historia, no paso nada o casi nada, hasta que llegamos a Pontevedra en general y a la estación de autobuses en particular.

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